Hoy he recibido un correo. Su título "Ésto no es ser racista. Es solo un ejemplo" . No es demasiado brillante, lo sé. Os paso solo un párrafo porque me resisto a darle más difusión de la que seguro que ya tiene:

Y si se busca la forma de frenar esta calamidad he aquí
que se alzan las voces de protesta de muchos imbéciles que
gritan contra la violación de los derechos civiles (de los
'otros', porque nuestros derechos les importan un
bledo a esos mismos imbéciles)

 

Creo que he pasado el punto ese que va de la tristeza al enfado. Mi actitud ante comentarios sentenciosos de gente que no quiere que le tilden de racistas o  xenófobos, era de tristeza y de conformidad. No les vamos a cambiar ¿no? Cada cual es libre de expresar su opinión y es lógico que en momentos de crisis, de cifras espeluznantes de desempleo tras las que hay miles, millones de situaciones familiares críticas y desesperadas, mucha gente tienda a pensar que aquí no hay para todos.  Pero estoy cansada, harta de esos argumentos que empiezan siempre con la frasecita:

"No es que yo sea racista, para nada, PERO..."

Y ahí empiezan a salir sapos y culebras. Insultos, prejuicios, barbaridades... y descalificaciones hacia los que pensamos de otra manera. Hacia los que pensamos que las soluciones son globales, como los problemas, los que pensamos que TODOS SOMOS IGUALES. Que los derechos básicos son universales. Somos, según dice arriba, IMBÉCILES.

Hay muchos grados de desesperación. Sí, nos desesperamos si no llegamos para pagar la hipoteca; sí, estamos humillados por tener que aceptar ayuda de la familia, por no poder permitirnos ningún capricho, por no encontrar trabajo y depender de prestaciones si hay suerte.  Pero ¿y la desesperación de esa mujer que ve impotente cómo su hijo se muere de hambre en sus brazos? ¿y la angustia, el miedo, el terror, de que entren a saco en tu pueblo militares o mercenarios a incendiar, matar y destruir? ¿De que terremotos, sequías, inundaciones, arrasen tu pobre país hasta los cimientos que eran tan débiles?¿Y el ansia de sobrevivir a pesar de todo y dónde sea? Lo sabemos, lo vemos a diario, incluso nos solidarizamos, colaboramos, somos de los paises que más dinero y ayuda aportan. Somos solidarios fuera pero ¿y aquí?

 Ojalá las soluciones pudieran estar en los paises de origen de los inmigrantes, me refiero a los problemáticos, claro. A los sinpapeles que muchas veces empleamos sin contrato, en nuestros hogares y en nuestros campos . Ojalá ellos no tuvieran que vivir el dasarraigo, ojalá no tuvieran que alejarse de sus hijos, hermanos, padres para buscarse la vida en paises donde lo tienen tan dificil, donde no son bienvenidos. Ojalá no murieran tantos tratando de llegar a la "Tierra Prometida" que no los quiere. De verdad que si. Pero ¿y mientras tanto? ¿Qué hacemos?

Ya hay generaciones perdidas para la tolerancia, pero debemos educar en ella a nuestros hijos. La clave está ahí, en la educación. En formar a personas GLOBALES, con una visión diferente del mundo dividido en porciones que vemos nosotros. En el fondo, porque soy optimista, sé que es inevitable que dentro de no sé cuánto, seremos capaces de ver más allá de banderas, fronteras y colores. Las generaciones que vienen, tendrán inevitablemente esa visión universal, tendrán perspectiva, porque el mundo está en sus manos y será accesible.

 

 Niños evacuados de Madrid durante la guerra

En eso confío. Y seguiré argumentado como pueda, desde el respeto a otras opiniones incluso a esas en las que se encierra el insulto a los que no pensamos igual. Pero sigo enfadada. ¡Nos hemos olvidado de tantas cosas! De como salían de aquí los niños durante la guerra en trenes y barcos, de cómo fuimos aceptados en mayor o menos grado, de cómo tuvimos que limpiar los retretes en Francia o Alemania para mandar dinero a casa durante tantas décades, aguantando miradas de desprecio. ¡Sucios españoles!

 

¿Qué diferencia hay?