La Coctelera

estrellaval

20 Octubre 2009

UNA NUEVA VIDA de Javier Cercas

Prácticamente todos los Domingos compro el País, por tres motivos fundamentales:

1.- Costumbre familiar. Mi casa, es decir, la "casa" de mis padres ha sido y es de periódico diario. Durante algunos años se comprabana varios, además de los locales que variaban lógicamente según la ciudad en al que nos tocaba vivir.  Diario 16 (qué tiempos!), El Pais - por supuesto-, y ABC, que tengo que admitir que me parecía el más logrado de todos por lo cómodo que resultaba de leer.  Pillé poco del El Mundo y según dicen ha mejorado con el tiempo... no sé, no sé. Y los Domingos era un lujazo tener tanto suplemento...

2.- Me gusta el País Semanal. Me gustan los articulistas (Almudena Grandes, Rosa Monter, Javier Cercas y Maruja Torres, aunque esta última a veces,,, me enerva un pelín). Me gustan los reportajes. Me gustan las cartas que manda la gente... Y entre el periódico en sí y el suplemento tengo "lectura" para toda la semana.

3.- A veces me engancho a alguna de las colecciones... lo confieso. O cuentos infantiles, o, como ahora LAS TAZAS DE LOS LPS DE LOS BEATLES. Soy beatlemaníaca "de toda la vida"

Y  todo ésto viene a cuento porque el artículo de Javier Cercas de este Domingo -que hasta anoche no he podido leer- me parece genial. Poco tengo que decir sino que lo leais los que no lo hayais hecho.

UNA NUEVA VIDA de Javier Cercas

Todo empezó cuando hace unos meses un estudiante me preguntó durante una charla con qué diccionario trabajaba. La pregunta me sorprendió, pero enseguida comprendí que es la pregunta más seria que se le puede hacer a un escritor. "Todo está predicho en el diccionario", dice Valéry, y así es: un diccionario es un mapa del universo; también es un libro mágico: contiene todos los libros que se han escrito y casi todos los libros que se escribirán. Como cualquier escritor, yo convivo con un harén de diccionarios, pero uno de ellos me ha robado el corazón: es el que tengo siempre a mano, el primero que consulto, el único con el que mantengo una relación íntima; no es un diccionario, sino mi diccionario, el libro que más he leído en mi vida y que me define. La decimonovena edición del diccionario de la Real Academia, le respondí al estudiante. Me emocioné: llevaba más de treinta años conviviendo con ella, desde que mi padre me la compró a mediados de los setenta, habíamos viajado juntos por dos continentes, por varias ciudades, por decenas de casas, y sin embargo era la primera vez que la mencionaba en público. No recuerdo de qué se habló durante el resto de la charla, pero sí que, al terminar, mi amiga la lingüista Avellina Suñer me dijo: Con que la decimonovena, ¿eh? Sí, contesté, exultante. Pues mira la definición que da de la palabra "mahometano", me retó. Y luego mira la que da de la palabra "cristiano". Y mira la definición que da de "marxismo". Y luego, la que da de "dólar". No me gustó el tonillo entre acusatorio y confidencial con que dijo todo esto, pero lo primero que hice al llegar a casa fue buscar la decimonovena. Allí estaba, en un lugar de honor, con sus hermosas tapas marrones y sus ribetes dorados, tan radiante como en los últimos treinta años. Con alguna aprensión la abrí, busqué la palabra "mahometano", leí: ""Que profesa la secta de Mahoma". Orgulloso, pensé que era una definición exactísima; no obstante, para acabar de cerciorarme de que la insinuación de mi amiga era pura maledicencia busqué la palabra cristiano, leí: "Que profesa la fe de Cristo". Tuve la impresión de que el suelo se abría bajo mis pies. Si lo de los musulmanes es una secta, razoné, perplejo, ¿por qué no lo es lo de los cristianos? Precipitadamente busqué la palabra "marxismo", leí: "Doctrina de Carlos Marx y sus secuaces". Dios santo, pensé. No es que Marx acertara en todas sus predicciones, pero cualquiera diría que se trata del mismísimo Charles Manson. Después recapacité, me dije que al fin y al cabo "secuaz" sólo significa "seguidor", como quien se agarra a un clavo ardiendo busqué la palabra "dólar", leí: "Moneda de plata de los Estados Unidos, Canadá y Liberia, que vale a la par 5 pesetas y 42 céntimos". Fue entonces cuando me derrumbé; me sentí traicionado: era como si acabara de descubrir que mi mapa del universo no respondía a la realidad del universo; me sentí perdido: comprendí que, a menos que quisiera arruinar mi vida, debía abandonar para siempre la decimonovena.

Como soy un cobarde, pospuse el trance cuanto pude, pero un día me armé de valor y se lo dije. No hablas en serio, ¿verdad?, preguntó. Hablo en serio, contesté. No puedes hablar en serio, insistió. ¿Qué vas a hacer sin mí? ¿Has dejado de amarme? No es eso, contesté. ¿Entonces qué es?, dijo. ¿Has conocido a otra? Señaló mi harén de diccionarios y dijo: Ya sabes que no me importa que de vez en cuando tengas una aventura, pero... No he conocido a otra, dije. Es María Moliner, ¿verdad?, dijo, furiosa. Esa maldita zorra. ¿Cómo has podido hacerlo? ¿Es que acaso no sabes que es un caos? ¿Es que no has visto cómo define la palabra biquini? Triunfalmente citó: "Traje de baño femenino reducido a dos pequeñas piezas que cubren los senos y la unión de las piernas con el cuerpo". No es María, me defendí. No es nadie. Entonces, ¿qué es? Nada, balbuceé. Es sólo que... A punto estuve de decirle la verdad -que pronto cumpliría 40 años, que se había hecho vieja, que ya no era el mapa del universo ni era mágica-, pero no se lo dije, porque supe que le partiría el corazón. Dije: Es sólo que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Se echó a llorar; mientras trataba de consolarla le pedí que lo entendiera, que entendiera que yo no podía seguir escribiendo tonterías, le hablé de Mahoma y de Liberia y de los secuaces de Carlos Marx, le dije que en el fondo la culpa no era suya, que la vida es así, que no la he inventado yo, le dije que seguiría queriéndola siempre. Ella pareció resignarse, asintió, señalando mi harén de diccionarios me preguntó si al menos podría quedarse con ellos. No puede ser, le dije. ¿No lo entiendes? Lo nuestro es todo o nada. Volvió a asentir mientras se secaba las lágrimas; luego, mirándome a los ojos, dijo: ¿Puedo pedirte un favor? Claro, dije. Hagámoslo por última vez, Chichi.

Aquella misma tarde la metí en una bolsa y, haciendo oídos sordos a sus sollozos, la abandoné en una librería de viejo. Luego salí a la calle, encendí un cigarrillo y eché a andar en el crepúsculo, roto por dentro, dispuesto a iniciar una nueva vida.

  

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ja, ja, jaaaaa, qué gracioso!!! Sin embargo, su decimonovena no estaba tan desacertada en algunas de las definiciones. Claro, que hay que vivir actualizado, pero te cuento que a mi querida madre le pasó algo similar. Ella tenía un Larousse antiquísimo, del año del ruido. Yo creo que en su edición todavía aparecía Europa bajo el Imperio Romano, ja, ja. Y Larousse ofreció un descuento en los diccionarios nuevos, modernizados, etc. si uno llevaba el más viejo. Y ella ni corta ni perezosa llevó el más viejo de los dos que tenía. Ahora reniega, porque dice que en el nuevo no encuentra nada de lo que tenía en el suyo para hacer ciertos crucigramas que piden datos de historia antigua.
En fin, Estrella, lo que te quería contar es algo más triste. El domingo leí a un columnista del Miami Herald, que dice que los años de la prensa escrita y de los libros están contados. Eso ya lo he oído anunciar muuuchas veces, y supongo que tiene razón, que la internet algún día acabará por dar al traste con ambas cosas. Eso sí te digo que me daría durísimo. Para empezar el ordenador te acaba la vista. Ya de por sí me costó acostumbrarme a no tener álbumes de fotografías, y ahora renunciar a mis libros con lo que me gusta saborearlos, repasarlos, tocarlos, noooo creo que va a ser demasiado!!! Besos.

Excelente el artículo.

27 Octubre 2009 | 03:23 AM

estrellaval

estrellaval dijo

Hola Madeleine!
´¡Qué listos los de Larousse! Se hacieron con libros antiguos gratis, y enciman vendieron diccionarios nuevos ofreciendo tan solo lo que seguro que era un moderado descuento. Qué pena!... Mi padre se vió obligado a vender parte de su biblioteca y la verdad es que es una lástima tener que desprenderse de algunos ejemplares.
Sinceramente creo que el libro electrónico no conseguirá desplazar al tradicional. En mi opinión, tiene usos distintos. El electróncico es muy práctico para viajar, Pero de momento no está al alcance de todos, y sobre todo se pierde todo lo sensorial que propocionan los libros de siempre. En él no permanecen las huellas de las repetidas lecturas, no huelen, no puedes elegirlo de un estante, de entre muchos, cogerlo entre las manos, sopesarlo, darle vueltas, leer la contraportada.. ¿Y qué me dices de sos libros releidos una y otra vez? Guardan cada lectura en sus páginas, están como mullidos de las veces que hemos pasado sus páginas, los mios concretamente, incluso tienen hojas dobladas por las esquinas para marcar dónde me quedaba (es un vicio que he logrado eliminar...). Esos son libros felices. El mio es una edición de CREACIÓN de Gore Vidal. En una ocasión lo pilló por banda un perro amigo mío y me tanto le gustó que me lo devolvió totalmente mordisqueado y lleno de babas. Ni se me ocurrió tirarlo. Me recuerda un momento muy especial de vida. Y un libro electrónico no puede sustituir eso por mucho que cambien las costumbres y los hábitos. En cuanto la prensa escrita, eso es otro cantar... Ahí el articulista creo que tiene razón.
Un beso, preciosa

29 Octubre 2009 | 12:02 PM

diasazules

diasazules dijo

En mi casa también se compraban
dos o tres periodicos, mi padre decía
que había que estar informado de lo
que piensa la derecha y la izquierda...
Ja, ja, ja,

Yo he coleccionado los libros de Teo
que a mis hijas les encantaba....

Gracias por el artículo.

BESOS

6 Noviembre 2009 | 10:51 AM

estrellaval

estrellaval dijo

Hola Diasazules! Eso mismo decía mi padre... aunque sea para poder criticar con cierta base. Y esos libros que has coleccionado de Teo, pasarán de tus hijas a tus nietos. Y tú, ya abuelita, te sentiras jovencísima!

Un beso fuerte y gracias por pasarte por aquí!

6 Noviembre 2009 | 12:45 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Hola Estrella, querida amiga: Sólo espero que tengas razón. Yo estaría totalmente desorientada sin mis libros. Imagínate que todavía tengo el primer libro de poesías que me regaló mi padre!!! Creo que recién había aprendido a leer. Y la Odisea y la Eneida en una versión infantil que también me dio de pequeña. Niña, lloro cuando repaso esas páginas. Y la prensa escrita es otro de mis placeres, pero cada vez parecen más acosados. El día que desaparezca sentiré que me he caído del planeta tierra. Besos.

7 Noviembre 2009 | 05:41 AM

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Sobre mí

Datos físicos... mujer, blanca, de más bien mediana estatura, complexión delgada pero fuerte, rubia venida a menos con la edad, que es (ejem) indefinida (la edad). Estado civil: divorciada. Hijos: dos. Trabajo: si, afortunadamente. Aficiones: leer, jugar, conversar, aprender, escribir, bailar, montar en bici, pasear por el campo, por la playa, montar a caballo, jugar al tenis, viajar, recolectar (conchas, moras, acerolas, higos...), escribir, escuchar la radio, música, cantar (muy mal), jugar a las palas...

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