EL CASTILLO DEL PRÍNCIPE NEGRO por Isabel Dema
De esta edición príncipe se han tirado seis ejemplares numerados del 0 al 5 en papel "CANON PAPER DRY" A4 , 210x297,80 GSM en máquina CANON NP1215 EJEMPLAR Nº 3

INTRODUCCIÓN:
-¡Mi pequeña Tania ha desaparecido!- el rostro del orondo panadero expresaba una gran preocupación.
-Dicen que salió con la guapa forastera que llegó al pueblo anoche- comentó una vecina que llevaba una hermosa lechuga en sus manos.
-¡Ah! ¡La forastera! Le preguntaremos a ella-dijo el panadero-. El herrero sabrá dónde está.
-¿Por qué el herrero?-preguntó la anciana que se sentaba en un poyo a la puerta de su blanca casita.
-Es que su caballo perdió una herradura y lo dejó para que se la pusieran de nuevo-. Esto lo dijo la mujer de la lechuga.
Y el panadero salió de estampida para preguntar al herrero. No se le borraba el gesto preocupado y caminaba deprisa, a pesar de lo gordo que estaba. Los vecinos salían de sus casas y le seguían de lejos. Era un pueblo pequeñito y todos sabían ya que la pequeña Tania había desaparecido.
-Seguro que aparecerá. Nuestros hijos saben muy bien por dónde pueden ir y por dónde no- susurraba bajito una mujer al oído de su marido. Tenía cuatro hijos pequeños y estaba un poquito asustada.
-¡Nuestros hijos sí, pero no la forastera!- rezongó el marido.
-¡Ay, Pascual!- se llamaba Pascual- ¡Ay, Pascual, no me asustes!
-Pero no seas tonta, mujer, que acabamos de dejar a los niños en casa, jugando tan tranquilos.
Otro vecino que les escuchó, porque al final habían levantado la voz, intentó sosegar los ánimos:
-Hace muchos años que no desaparecen niños en el pueblo.
-¡Es verdad!¡Es verdad! -se decían unos a otros, disimulando la inquietud que sentían todos.
Entretanto habían llegado a la herrería. Cuando el panadero entró, los vecinos, que cada vez eran más numerosos, esperaron fuera. Al poco rato, el panadero, el señor Anastasio, salió llevando del ronzal un precioso caballo. Su cara lo decía todo: ¡Tania y la forastera no estaban!
-Va a anochecer- dijo Pascual- hay que salir a buscarlas.
-¡Si, si, vamos!
Y los amables vecinos fueron a sus casas por luces y mantas y algún cordel. Todos querían pensar que tal vez se habían caído por algún barranco o perdido en alguna cueva. Las encontrarían y volverían al pueblo con ellas y todo quedaría nada más que en un buen susto. ¡Hacía tanto tiempo que no pasaba nada!
El pueblo se quedó vacío. En la distancia se perdían las voces que llamaban:
-¡Tania! ¡Taniaaaaaa! ¡Tania!- cada vez más lejos.
Solo la anciana que era muy, muy vieja, se quedó sentada a la puerta de sus casa, viendo cómo anochecía. Los árboles de la plaza estaban silenciosos.
-Los pájaros se han ido- recordó- ¡Qué desgracia tan grande, Señor! La sombra negra de la maldad vuelve a nuestro pueblo. ¡Ay, qué desgracia tan grande...! ¡Pobre pequeña Tania! ¡No volveremos a verla!



estrellaval dijo
He aquí la introducción de un cuento de mi madre, Isabel Dema. Se lo regaló a mi sobrina María en 1990. Os lo voy a ir transcribiendo capítulo a capítulo. Será la segunda obra que le publico aquí -ver "Las Danzas de la Caca"- y es una manera de compartir y divulgar su genio, tan especial, con tantos guiños, tan divertido.
ESPERO QUE OS GUSTE.
19 Octubre 2008 | 09:08 PM