TÉCNICA DE LA IMAGINACIÓN por Caballero Bonald
Exposición de Gari en el museo de Barbadillo en Sanlucar
Cuando se entra en el estudio de Garikoitz Cuevas pueden ocurrir dos cosas: o que te deslumbre la multiplicación de la luz exterior sobre el lienzo o que sea el lienzo quien compita con la pujanza solar desde su propia iluminación. En ambos casos, la impresión estética viene a ser del mismo signo; el resplandor que entra por la ventana del estudio, llegado directamente de Doñana, se coaliga de lo más bien con el que genera el cuadro. Hay aquí un equilibrio lumínico general que de alguna manera anticipa la celebración gozosa de esta pintura.
Garikoitz Cuevas ha mantenido siempre una llamativa lealtad consigo mismo. Su evolución tal vez haya sido demasiado impetuosa, pero nunca ha dejado de ser coherente. Cada etapa se ha producido en función de la anterior y ha anticipado la venidera. Podría decirse que ha ido trasladándose sin mayores incisos desde la simplicidad a la complejidad: ha pasado de una composición reglamentada por la línea recta a una amalgama formal desentendida de toda geometría posible. Es el triunfo de una paciente voluntad integradora frente a cualquier apresuramiento estereotipado. La libre riqueza imaginativa ha podido más que todo aprendizaje académico.
El proceso creativo de Garikoitz Cuevas es de una manifiesta singularidad. Recuerdo haber oído hablar de él con pasión y conocimiento del sentido de los materiales que emplea y de la paulatina elaboración del cuadro. El pintor tiene una fe absoluta en sus presupuestos y sus sistemas: el potencial expresivo del arte se genera a partir de esa fe, que es la que otorga a su trabajo una complacencia extremada. El azar compositivo de la pintura, como el de la escritura automática, no es nunca enteramente indeliberado o mecánico. Hay una carga educativa, un fondo de conocimientos almacenados en la memoria, que activan la capacidad del artista y dan forma consciente a lo aparentemente intuitivo. Algo así ocurre con el procedimiento más usual que aplica Garikoitz Cuevas a su obra.
El lienzo no es en este caso una superficie plana en sentido estricto, sino una superposición de lienzos, una acumulativa serie de telas pegadas y despegadas hasta que la pintura o sus fragmentaciones ha adquirido toda su dimensión comunicativa. El hecho de que algún recodo del cuadro pueda parecer impredecible, queda finalmente equilibrado por la inteligencia del pintor, que elimina los espacios inciertos con un rigor exquisito. Es lo que podría llamarse técnica de la imaginación, que en el caso de Garikoitz Cuevas resulta ciertamente impecable: su pintura es la vez un palimpsesto y una delicada formulación poética.
Caballero Bonald
Gari posando con mi hija Silvia, entre barricas




estrellaval dijo
He escogido las palabras con las que Caballero Bonald presentó la exposición de Garikoitz en Barcelona, porque evidentemente son mucho más líricas y descriptivas que las que yo pueda usar.
Una de las mañanas de nuestras vacaciones la pasamos con Gari en Sanlucar. Como os comenté en el post "¿qué?¿nos vemos en Cai?", exponía en el Museo de Barbadillo en Sanlucar. No llegamos a la inauguración pero no podíamos dejar de verla. Y os aseguro que ha sido un modo estupendo de disfrutar de su pintura. Como podéis ver en la primera foto, es algo más que una galería. Los cuadros se han colocado sin demasiada ceremonia, entre los patios y galerías del edificio en el que está el museo Barbadillo, Iluminados por el sol, y sombreados por los arcos, adornados por el aroma de las viñas y del vino, por el polvo de las barricas. Algo más que una mera sucesión de lienzos, sin duda.
Y Gari, como siempre, un estupendo anfitrión con el que no puedes hacer más que disfrutar y sentirte como en casa. Desde aquí mi agradecimiento a su hospitalidad.
1 Septiembre 2008 | 08:14 PM