CONIL y el Rio Porío
Durante una de las veladas de mi último viaje a Cádiz, en casa de Pedro y Ana, hermano y CUÑADA, que me alojan y miman cada vez que vamos, entre copa y copa de vino, los "mayores" -que sí, que lo sois- se pusieron a recordar los veranos en Conil, y lo pasámos genial compartiendo anécdotas de unos y de otros; yo particularmente asombrándome de muchas cosas y rescatando historias, paisajes que tenía enterrados en la memoria. Es curiosa la sensación de ASOMBRO, que te sobreviene: ¿Como es posible que hubiera olvidado AQUELLO?.
Cuando terminabamos el colegio, mis padres nos metían a todos en el coche, cinco o seis hermanos, dependiendo del año, Francisco, el hijo de Frasquita, la Tata, Paco, nuestro perro, y alguna abuela que otra en ocasiones. Salíamos de Cádiz hacia Conil todos apretujados, cantando e imagino que sudando a chorros, donde Frasquita tenía su casa. Estaba al final de una cuesta muy empinada, tenía dos pisos y una azotea llena de cielo. Mis padres nos dejaban allí al cuidado de la Tata y de su familia y se volvían a Cádiz a cumplir con sus obligaciones ( y con sus devociones, por supuesto).
Allí corríamos bastante libres, sobre todo los mayores, que contaban con Francisco que les introdujo en las "costumbres" locales. Ellos iban de un lado a otro, descalzos y en bañador todo el día, sin ningún tipo de control, me temo y poniéndose en peligro, según cuentan. Parece ser que en una ocasión les persiguió incansablemente una jauría de galgos salvajes y hambrientos por todo el pueblo. Desde que me lo contaron no paro de preguntarme qué hacía una jauría de perros sueltos en Conil, y por qué eran todos galgos. No me lo explico, pero me lo creo a pies juntillas. Escaparon de milagro... y yo mientras jugando a los cromos. ¡Eso sí que fueron aventuras!
Nos encantaba el Rio Porío. Nos bañábamos en el "delta" de aguas residuales que llegaba del pueblo, eso era el Rio Porío. Estaba muy calentito, y aunque había un poco de basura, se hacían unas presas estupendas con esa especie de "barro" que se formaba en la orillita, que no era igual que el de la playa abierta... tenía una consistencia diferente. Y ese olorcilo... allí cerca ponían, imagino que durante la feria, una plaza de toros de madera colorá, y os aseguro que habían cráneos de animales con largos cuernos, calientes y salados. Sé que estaban salados (¿¿los probé??).
De cuando en cuando, mis padres se dejaban caer a pasar un par de días. Cuando estaban, en vez de ir al Rio Porío, nos instalábamos en un chamizo la mar de confortable (en la foto se vé detrás) y alli mi madre nos contaba unos cuentos fantásticos por entregas. Todos los niños de la playa cuando se enteraban que estaba, acudían para oirla continuar la historia que dejó en suspenso hacía días. Se formaban unos corrillos estupendos de niños con la boca abierta. Y nosotros todos orgullosos, era NUESTRA MADRE.
Las cocinas de carbón con sus atizadores, los gallos, el pan tostado con aceite de oliva de un verde intenso, mojado en azucar, la feria, el cine de verano, Frasquita encalando la fachada de su casa...
En la foto estoy en brazos de Frasquita echándole los brazos a mi madre que solía hacer las fotos, y debió ser tomada el primer verano que pasamos allí. Posiblemente, el verano de 1966, dado que yo nací en Octubre.
Aquí os dejo estos recuerdos, puede que rescaten algunos de los vuestros.


el-hombre-del-tibet dijo
Bonitos recuerdos ,yo pasé un verano en Conil ,tenía por aquel entonces unos 22 años y una novia Sevillana que fue la que me llevo allí con su familia ,creo que actualmente viven en Conil ,ya que eran asiduos ,tengo un muy bonito recuerdo de ese pueblo gaditano ,un verano de aquellos que se quedan grabados de por vida.
Besos
23 Abril 2008 | 10:38 PM