Sigo con la serie: Recuerdo algunas noches en casa, esas que se alargaban cuando los mayores, empezando por mi padre, se ponían a recitar. Este poema era uno de los que se repetían. Está dedicado a nosotros, a sus hijos.

Virginidad tan alta mi soberbia,

la frente una verónica frustrada,
camina por el ruedo y la demanda,
perseguida de amor, la sola furia

No pises mi tendido ni mi espada,
no busques mi quejido, ni mi raza.
Voy al engaño cuando quiero
sorber el sol y pedir plaza;
al vuelo por la fuerza de mis patas,
y quieto cuando quiero morderte las entrañas:
rendido por que quiero, callado de palabras.

Ya el huracán, ya el silencio,
acuchillo en rodajas lo inmovil y lo quieto
o a la caricia del amor me entrego.

Ten; mi cuerpo es cementerio:
me camina la muerte porque quiero,
al fin de este camino y este albero,
hender la tierra y romper cielo.
A tu nombre mi sangre y testamento

Pedro Valdecantos