ESCIPIÓN EL AFRICANO de Ross Leckie
Ando con cierto sentimiento de culpa por no publicar de un modo más o menos regular. Mis dos "yoes" están a la gresca, venga a discutir. Uno dice que no passsa nada, que no tengo por qué crearme una obligación más, que me ponga a escribir cuando me apetezca. El otro, (que siempre anda chinchando y criticándome) argumenta que hay que ser disciplinado, que para dormir siempre hay tiempo, y que si la mente se me llena de ideas y el corazón de sentimientos que quieren salir, no hay que hacer demasiado caso al cuerpo, porque con dormir seis horas es suficiente, y el cansancio se vence a fuerza de voluntad.
Tengo muchas cosas que contar, pero, mi cuerpo demanda descanso (ha sido un día particularmente dificil), y he buscado una solución que mis dos yoes han consensuado: voy a empezar una serir de arículos sobre los libros que estoy leyendo. Tengo varios en mi mesilla que leo lentamente, a ratitos. Siempre que tengo que leer un poco antes de dormir. En estos pequeños artículos sólo pondré el primer párrafo y el último.
El primero:
"Los tambores retumbaban mientras los senadores, blanca la toga y la cara seria,pasaban junto a nosotros camino de sus escaños. Mi hermano y yo estábamos firmes y todavía en la tarima que había en el centro de la cámara, mirando al frente, con los brazos pegados a los costados, tal como habíamos convenido. Podía percibir a Catón, percibía su olor mientras llegaba, como siempre, en último lugar. Me había propuesto no mirarlo. Pero cuando pasó, nuestras miradas se cruzaron. Vi odio en sus ojos azul aguamarina (quién podría dudar de su bastarda sangre celta?), bajo aquellas cejas salientes, y la testa de rústico, gacha y calva."
El último
"Yo soy Hannón, el hijo de Anibal, al que no he conocido. Bostar me lo dijo en Capua, y mi madre, sollozando, confirmó que era cierto. Nunca la había visto llorar. Mi padre fué, dijo, como un cometa que no se consume pero arde más allá de las estrellas lejanas. Dijo que era el hijo del mayor anhelo de amor que había conocido. ¿De quién?, le pregunté, ¿Tuyo o suyo? No lo dijo. La dejamos llorando, sola. Pero sus lágrimas me parecieron de alegría, no de dolor, y ahora voy a conocer al hombre que tanto conmovió a mi madre... y que me dio mucho de lo que soy y de lo que pueda ser aún.
Soy joven. Los sucesos que Escipión ha descrito formaron el mundo y me concibieron. Bostar encontrará a mi padre y lo traerá aquí. Luego los tres aprenderemos a amar y a vivir, no a morir ni a guerrear. El cielo es brillante y azul. La luz es clara y pura"
