
Iglesia Románica de San Martín (Arévalo)
Aprovechando que Silvia (que fué mi cuñada, y que es tia de mis hijos, compañera y amiga) pasaba el puente en Madrid, me sumé al viaje para pasar esos días con mi pareja (a la que, a causa de mi, digamos "apretá" sitación económica, siempre le toca venir a Alicante y tragarse las consabidas retenciones que hay cada fin de semana).
El sábado salimos tempranito desde Toledo hacia Arévalo donde habíamos quedado con un amigo de la zona. La verdad es que vimos más bares que iglesias, tengo que confesarlo... Pero, en resumen, fué un día estupendo. Os dejo algunas de las fotos que hice con el móvil (la cámara digital la tiene mi hija en exclusiva)

Balcón plaza de Arévalo

Cruz enfrente justo de la Iglesia de la Inspiración de la Santa Cruz en Salvador de Zapardiel

Olmo (le falta el Duero...) enfrente de la susodicha Iglesia de la Inspiración, etc, etc, en Salvador de Zapardiel.
Hacía tiempo que no me iba "de pueblos" y aunque ha quedado ya definitivamente demostrada que mi resistencia a la ingesta de alcohol no es la de antes, lo pasamos todos muy bien. Y quiero agradecer desde aquí la hospitalidad de Jose (que nos metió hasta en la sacristía de la Iglesia de la Inspiración de la Santa Cruz ), nuestro amigo del Calvín, restaurante con un ambiente estupendo en la calle Antonio Maura de Madrid. Mando un beso a toda la plantilla.
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Ana Mercedes Hoyos es una mujer menuda, delgada y fuerte. Mira directamente a los ojos y te escucha. Eso ya es dificil de encontrar; pero es que ella, además, es una artista. Una Artista, mejor así (con mayúsculas a pesar de muchos) ,de las comprometidas, de las luchadoras. Así la sentí yo.
Los que pasais por aquí y habéis tenido la paciencia de leer un buen rato, ya sabeis que tuve la suerte de visitar Colombia a finales del año pasado. Fué una experiencia estupenda y enriquecedora, y, aunque no pude ver todo lo que hubiese querido ya que el viaje era por trabajo de mi pareja, aprendí muchísimo y guardo en mi memoria y en mi corazón mucho de ese pais y de su gente, y confío en poder regresar algún día.
Conocí a Ana Mercedes y a su marido, Jacques Masevi, en una comida en el restaurante mejicano que hay en la última planta de la FUNDACIÓN GILBERTO ALZATE. Y seguí conociéndola cuando nos invitó a visitar su casa y su estudio donde pudimos sumergirnos en su obra. Desde luego que es el mejor modo de entender a un artista, ver dónde y cómo trabaja. Sus valores y sus batallas. El entorno, la casa, es un prodigio de discreción, diseñada por Jacques. Y el estudio es todo luz, como su obra.
Una de las fuentes principales de inspiración de Ana Mercedes es la comunidad negra de San Basilio de Palenque, que ha sido nombrado patrimonio intangible de la humanidad, y pueblo que se están cargando poco a poco. Ha visitado este pueblo durante casi treinta años, creando un archivo fotográfico impresionante, se ha sumergido en la vida de las familias de allá y ha luchado por revindicar su historia, que podemos contar en otro post, porque es preciosa

Hay muchos elementos de allá que le han inspirado: los lazos de los vestidos de las palanqueras, las bandejas de frutas, que colocan y decoran de una manera increiblemente plástica, los cuchillos, los tambores, y sobre todo LA GENTE, sus amigos, en definitiva.



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Exposición de Gari en el museo de Barbadillo en Sanlucar
Cuando se entra en el estudio de Garikoitz Cuevas pueden ocurrir dos cosas: o que te deslumbre la multiplicación de la luz exterior sobre el lienzo o que sea el lienzo quien compita con la pujanza solar desde su propia iluminación. En ambos casos, la impresión estética viene a ser del mismo signo; el resplandor que entra por la ventana del estudio, llegado directamente de Doñana, se coaliga de lo más bien con el que genera el cuadro. Hay aquí un equilibrio lumínico general que de alguna manera anticipa la celebración gozosa de esta pintura.
Garikoitz Cuevas ha mantenido siempre una llamativa lealtad consigo mismo. Su evolución tal vez haya sido demasiado impetuosa, pero nunca ha dejado de ser coherente. Cada etapa se ha producido en función de la anterior y ha anticipado la venidera. Podría decirse que ha ido trasladándose sin mayores incisos desde la simplicidad a la complejidad: ha pasado de una composición reglamentada por la línea recta a una amalgama formal desentendida de toda geometría posible. Es el triunfo de una paciente voluntad integradora frente a cualquier apresuramiento estereotipado. La libre riqueza imaginativa ha podido más que todo aprendizaje académico.
El proceso creativo de Garikoitz Cuevas es de una manifiesta singularidad. Recuerdo haber oído hablar de él con pasión y conocimiento del sentido de los materiales que emplea y de la paulatina elaboración del cuadro. El pintor tiene una fe absoluta en sus presupuestos y sus sistemas: el potencial expresivo del arte se genera a partir de esa fe, que es la que otorga a su trabajo una complacencia extremada. El azar compositivo de la pintura, como el de la escritura automática, no es nunca enteramente indeliberado o mecánico. Hay una carga educativa, un fondo de conocimientos almacenados en la memoria, que activan la capacidad del artista y dan forma consciente a lo aparentemente intuitivo. Algo así ocurre con el procedimiento más usual que aplica Garikoitz Cuevas a su obra.
El lienzo no es en este caso una superficie plana en sentido estricto, sino una superposición de lienzos, una acumulativa serie de telas pegadas y despegadas hasta que la pintura o sus fragmentaciones ha adquirido toda su dimensión comunicativa. El hecho de que algún recodo del cuadro pueda parecer impredecible, queda finalmente equilibrado por la inteligencia del pintor, que elimina los espacios inciertos con un rigor exquisito. Es lo que podría llamarse técnica de la imaginación, que en el caso de Garikoitz Cuevas resulta ciertamente impecable: su pintura es la vez un palimpsesto y una delicada formulación poética.
Caballero Bonald
Gari posando con mi hija Silvia, entre barricas
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